Con motivo de la celebración, un año más, del XVIII Festival
Nacional de Flamenco “CIUDAD DE JUMILLA”, he pensado dar a luz pública
esta breve reflexión que a muchos aficionados le vendrá bien:
“El flamenco es una música elaborada”. Porque no basta con hablar; es
más importante, desde el punto de vista pedagógico, demostrar y
hacer llegar lo que antes se ha dicho de viva voz.
Esta finalidad didáctica es la que me ha movido a ofrecer, por
escrito, qué tipo de música representa el flamenco. En esta
reflexión he creído conveniente, tras mi larga experiencia cantaora
e investigadora, decir cuanto a continuación expongo. Porque, a la
verdad, no lo puedo remediar: me siento feliz pregonando, por
todas partes, la grandeza del Arte Flamenco en su trilogía de
Cante, Baile y Toque. Aún más: me agradaría poder expresar por
escrito lo que mi corazón siente al cantar por seguiriyas, caña, malagueñas, tonás,
soleares…, y saber, además, qué es lo que yo, Cantaor, llevo en mi
propia sangre. Imposible, pero lo deseo ardientemente.
Honestamente hablando, siempre he buscado la “verdad
flamenca”; si yo camino por la verdadera senda que nos dejaron,
en tiempos ya lejanos, Silverio, El Fillo, Enrique el Mellizo, Tomás el Nitri, Chacón, Juan Breva, Manuel Torre, Niña de los Peines, Manuel Vallejo, Antonio Mairena,
y tantas otras figuras estelares del enigmático y complejo mundo
del Arte Flamenco, “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”.
No quisiera equivocarme, pero es posible que esta breve meditación
sea del agrado de cuantos tienen la suerte y oportunidad de
leerla a través de este moderno medio de comunicación, cual es
Internet.
Porque, bien entendido, el Cante Jondo, cualquiera que sea su
origen e importancia – dejaron dicho los hermanos Machado Ruiz - y
el arte de don Antonio Chacón, de Ramón Montoya y de Pastora
Imperio, son algo tan andaluz, por lo menos, como la filosofía
de Séneca y Averroes”. En esa senda -
lo confieso públicamente - vengo caminando desde el año 1966,
cuando hice del flamenco mi segunda profesión. De ambas – docente y
artística – me siento muy enamorado, y no menos satisfecho.
Hago una llamada a la sinceridad: la historia del flamenco –
oral y escrita – es una realidad artístico-cultural que debe
estudiarse a la luz de la razón; es, además -¿por qué? –
caprichosamente injusta, y adolece de un fanatismo exacerbado que
deriva, con demasiada frecuencia, en la intransigencia o
papanatismo. Porque el flamenco es, simplemente, del ser humano.
Nada más: traspasa las barreras de Andalucía, proyectándose fuera de
ella: Murcia, Extremadura, Cataluña, Castilla….
El flamenco tiene “su razón” - ¿verdad, amigos aficionados?, y una
“razón metafísica” más profunda que la ofrecen ciertas plumas,
privilegiadas políticamente, en plan académico y sentencioso.
Ha
llegado, pues, la hora de acabar con tantas tonterías e idioteces
que se vienen repitiendo en este enigmático e ignorado mundo
flamenco: “… voy a hacer, verbigracia, un “cantecito” que sólo
conocía fulano de tal, o cual, etc., o soportar las mentiras qu
algunos ¿flamencólogos? inventan sobre la marcha de una aberrante
conferencia. De la que he sido, por desgracia, testigo algunas
veces.
Mi larga experiencia artística me ha hecho ver que todos los
estilos flamencos tienen “su razón de ser” y -¡cómo no! – su
explicación histórica, literaria y musical. No hay otro camino,
sino el estudio continuado y objetivo.
Es
posible que haya otras razones, pero con éstas bastan para
concebir el flamenco como una manifestación “cultural”, conforme al
sentido semántico, antropológico y filosófico del término. Y es
manifestación cultural, posiblemente la más rica y variada de todo
Occidente, como ya pensaba don Manuel de Falla (1876 – 1946) en su
obra “Escritos sobre música y músicos”. Colección Austral, nº 950
(Madrid, 1972).
Sin olvidar, por otra parte, las aportaciones folclóricas -¡oh, cuánto nos dejó dicho el inmortal placentino
Manuel García Matos (1912 – 1974), Catedrático del Real
Conservatorio Superior de Madrid -, llamadas, por antonomasias y
tradición, “preflamencas”, ya que sin la
fusión de otras músicas populares de orígenes diversos, el flamenco
no habría adquirido su riqueza, y ser, además, fuente de
inspiración de famosos y admirados compositores de músicas.
Mi humilde y sencilla experiencia docente me ha enseñado que
este es el camino por donde debemos analizar el cante
flamenco, dado que la inmensa mayoría de sus “formas/estilos”
hunden sus raíces en el FOLKLORE , que es, por cierto, una
ciencia. Lo que me ha llevado a formular que el flamenco no es más
que una MUSICA ELABORADA, es decir, una música en íntima relación
con la capacidad creativa del intérprete.
Esto nos indica que el cantaor es “músico” por naturaleza. Estamos,
por tanto, convencidos de que la Naturaleza/Dios concede, libre y
espontáneamente, ese privilegiado don. Así, al menos, lo concibe
este viejo cantaor e investigador. Por eso, - conforme a mi
criterio – lloraba el universal compositor Manuel de Falla, al
intentar poner en pentagrama los melismas musicales que Antonio
Barrios “El Polinario”, en su famosa taberna de la Alhambra, iba forjando al compás de la guitarra.
Esta suficientemente demostrado que el “instinto musical” forma
parte de la naturaleza del cantaor: lo que le da ese abanico de
variedad y grandiosidad en un arte musical sin límites, por su
propia naturaleza, que tal vez - m imagino – nunca tuvo principio
y…. ¡jamás verá su fin!.
La música flamenca arranca del encuentro del Oriente y Occidente
en aquella encrucijada llamada Andalucía; y se hace realidad en la
voz de sus intérpretes. Esta fusión ha sido, por lo general,
enriquecedora y benéfica por la facultad que tiene el
flamenco de transformar y hacer “suyas” las aportaciones externas,
porque, siendo un sentimiento en esencia, ser hermana con toda
obra que lo conmueva.
Ahora bien, ¿por qué ocurre esto? Porque el flamenco es un arte
vitalista, reflexivo, filosófico, sentencioso, colorista, triste,
alegre y dramático…., igual que la vida. Emerge de los sustratos
folklóricos para transformarse en una MUSICA DIFERENCIADA y
especifica de un pueblo, gracias a la capacidad natural de sus
intérpretes.
De esta manera es como debemos mirar y aceptar el flamenco,
esto es, como una MUSICA ELABORADA. Lo que le da el que no sólo
sea “medio de vida”, sino “modo de ser y definir” a un pueblo:
Andalucía, que se proyecta a otras comunidades, como ya ha quedado
dicho. No se puede, pues, dudar de que el Arte Flamenco forma
parte del acervo cultural de un pueblo que no tuvo más remedio
que servirse de él, para expresar todo cuanto pueda decir, por
medio del Cante, Baile y Guitarra.
Villanueva Mesía (Granada), Octubre de 2012
Foto: manu: Alfredo Arrebola y Kiki Korpas en Jumilla
Foto: manu: Alfredo Arrebola y Kiki Korpas en Jumilla







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